La política como producto de consumo

A 158 años de utilizar el capitalismo como sistema económico en una gran mayoría de los países, nos encontramos con un grupo de empresas que prácticamente dominan todos los mercados, pues su enorme capital crece vorazmente, arrastrando con su avaricia a miles de millones de personas y cientos de miles de regiones en todo el mundo.

Por otra parte, los sistemas de gobierno existen para administrar los recursos comunes de cada pueblo con la finalidad de compartir el costo de los servicios entre los ciudadanos, sin embargo los gobernantes se han convertido en fieles esclavos del capitalismo, y tal cual sirven a ellos, entregando derechos de usufructo ilegales, concesiones que destruyen ecosistemas y demás.

Esa relación, aunque bien sabida, ha sido perseguida pocas veces en la historia de nuestro país, pues la corrupción se ha vuelto el eje central de las transacciones comerciales entre los empresarios y los políticos.

Pero más allá de esa relación, existe otra también interesante y relativamente reciente; aquella en la cual el político es convertido, a través de la experiencia y recursos de la iniciativa privada, en un producto listo para venderse durante una campaña electoral.

EL CANDIDATO COMO PRODUCTO

Sin duda, la publicidad creada por el capitalismo es altamente convincente, pues ha sido diseñadapara hacer creer a una audiencia que necesita del producto que esta promueve. Para lograr esto, los publicistas se basan en una serie de artimañas, como falacias de generalización apresurada, ad consequentiam, ad baculum, etc., repetición hasta el cansancio de comerciales, memética, e incluso los más recientes avances de neurología para literalmente manipular los pensamientos y las emociones de las personas.

Tras años de refinar las técnicas publicitarias, los políticos se han convertido en el producto perfecto, pues para muchos empresarios el apoyar a un candidato puede ser la diferencia entre obtener una concesión o no, digamos, para explotar un terreno o similar.

El primer gran ejemplo de esto fue Roberto Madrazo, el PRIísta que lanzó una campaña publicitaria dirigida por la casa publicitaria de Alazraki basada alrededor de la frase “Dale un Madrazo…”, seguida por frases como “a la delincuencia”, o “al dedazo”.

Al sacudirse el escándalo de encima, la esfera política notó lo exitosa que fue la experiencia de sustituir propaganda política por campaña publicitaria; después de todo, la audiencia, los votantes, están muy acostumbrados a recibir mensajes de este tipo, por lo que el formato resulta más familiar.

LA NUEVA OLA

El peor problema provocado por este tipo de campañas, es la falta de información con la cual termina votando la ciudadanía. Las elecciones se han convertido en un concurso de popularidad al estilo La flor más bella del ejido, en donde gana no el más capaz, sino el más carismático.

Una prueba reciente de ello es la de nuestro Presidente, el señor Enrique Peña, quien obtuvo un gran empuje por parte de millones de damas que piensan que es guapo.

Esto no solo denota una pobreza de conocimiento e interés en la política del país por parte de la población, sino que ahora veremos un desfile de metrosexuales pasar frente a las campañas, como posiblemente pase con el gobernador Moreno Valle.

El problema como tal no radica en su metrosexualidad, evidentemente, sino que ahora se buscarán candidatos populares y agradables a la vista para obtener con mayor facilidad el voto, en lugar de enfocarse a lo que verdaderamente es importante: una plataforma política que favorezca a la sociedad, y no a los gobernantes, empresarios y banqueros, preferentemente.

DISPARIDAD DE OFERTA

Otro problema es que, basados en un sistema por elección popular, la asignación de recursos a los partidos más grandes favorecen en tiempo aire a los mismos, en lugar de ofrecer una base justa, tal vez en la cual incluso se de más tiempo a los partidos pequeños y desconocidos, para que así la audiencia tenga oportunidad de reconocerlos, al menos.

Ahora, sin la necesidad de promover una plataforma, las políticas propuestas tienden a pasar desapercibidas por la población, y entonces vienen los abusos por parte de los empresarios, que utilizan a los gobernantes electos como medios para lograr lo que sus negocios necesitan.

Peor aún, la política se vuelve casi unilateral por falta de contraste en el panorama de ofertas. Las izquierdas y derechas prácticamente ofrecen lo mismo, pues pareciera que todos están al servicio de sus patrones: los empresarios y banqueros.

LA AUDIENCIA

Durante cada proceso electoral se hacen miles de llamados a la ciudadanía para que ejerzan un poco más de interés en la política, pues hace falta que los votantes sepan a quien están colocando en el pedestal; sin embargo, la manera tan superficial como se tocan los temas en los noticieros y demás programas informativos, y la falta de interés por mesas de discusión por parte de una audiencia ignorante, hacen que no podamos conocer a los candidatos y sus propuestas con mayor seriedad.

Sin duda es el ciudadano quien tiene la responsabilidad de dejar de consumir basura, y elegir con base en una plataforma bien presentada – exigirla en caso de ser necesario – y utilizar un criterio basado profundamente en la razón, y no en el carisma. Es esencial que vayamos conociendo un poco mejor a aquellos que pretenden gobernar nuestros recursos.

Está en nuestras manos ayudar al sistema a mejorar.

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