Las cinco pruebas del hombre

En el Popol Vuh se narra como los dioses creadores trabajaron para dar forma y vida al hombre. Tras varios intentos fallidos los dioses decidieron terminar ese proyecto sin resultados positivos, sin embargo Quetzalcoatl se aventura al Mictlán y enfrentar a sus señores para rescatar los huesos del hombre.

A este significativo pasaje se le pueden dar muchas lecturas, sin embargo el análisis de la representación de las pruebas que debe enfrentar el hombre para alcanzar la apoteosis es indispensable para el hiperhumanista.

El primer habitante de la tierra es planteado como hombres hechos de palos labrados, sin alma ni entendimiento… al no pensar en el dios creador fueron aniquilados. El segundo intento llevó a los dioses a utilizar barro, lo cual entorpecía los movimientos de los nuevos habitantes, y al caer al piso dieron nacimiento a las flores.

El tercer intento fue hecho de maíz, el cual ofrecía una forma ideal, pero tan perfecta que estos seres se vanagloriaban a sí mismos en el reflejo del agua, olvidándose de los dioses. El cuarto intento fue nuevamente de maíz, pero esta vez metieron un corazón tan grande que apenas cabía. Al hacer esto, el hombre comenzó a hablar sin parar.

Los dioses, hartos de tanto fracaso, decidieron enterrar los huesos de los hombres en el Mictlán, a donde Quetzalcoatl descendió para recuperarlos y, tras enfrentar al señor del Mictlán logró salir de ahí con ellos envueltos en un atavío. Los furiosos dioses tendieron una trampa y cavaron un hoyo por donde pasaba Quetzalcoatl, quien cayó dentro y murió.

Al sobrepasar la muerte, Quetzalcoatl encontró el atado abierto, con los huesos del hombre regados, algunos faltantes por los pajarillos que los estaban robando, y por supuesto, mordisqueados y roídos. Desconsolado, Quetzalcoatl preguntó a su xolotl sobre que debía hacer, y este le contestó que debía terminar lo que había comenzado.

Estos cinco intentos de crear a un hombre perfecto, el hiperhumano, hablan de cinco pruebas que deben ser superadas por cualquier hiperhumano en potencia, las cuales son las siguientes:

MIEDO

Representado por un hombre frágil, de palo, temeroso como para andar a gatas. El miedo es la primer prueba que debe superar cualquier hombre, pues este nos detiene de continuar enseñanzas más profundas y tener acceso a conocimientos más elevados.

En las regiones regidas por las religiones Abrahamicas, el mayor impulsor del miedo es Yahweh, quien amenaza con tal de ser obedecido. El miedo, por ejemplo, a abrir un tomo de Levi o Blavatski detiene a las personas de entender realmente el universo.

El miedo nos congela, nos paraliza, nos inhibe de la acción, y mientras no se supere no se podrá continuar por el camino.

CONOCIMIENTO

El conocimiento nos hace lentos y pesados, como los hombres de barro, quienes entorpecidos por sus cuerpos eran incapaces de pensar en más allá de su traslado. Cuando creemos saber mucho nos estamos limitando de la oportunidad de aprender más; no hay peor tonto e ignorante que el que cree saberlo todo.

Una persona de verdadero y profundo conocimiento sabrá que lo que alcance a aprender en toda su vida es poco comparado a todo lo que queda por descubrir, y por ende acepta información por doquier; la diferencia entre un maestro es también su capacidad de saber que conocimiento cargar y cual desechar.

PODER

Al saberse capaz, el ser humano tiende a admirarse a sí mismo y volverse narciso. Asi como el hombre de maíz se vanagloriaba frente a su reflejo en el agua, un hombre que se cree poderoso se vuelve arrogante y presume de ser intocable, o de la mucha influencia que tiene en otros. Una persona de verdadero poder sabe que este se tiene para servir, no para abusar de él.

El poder nos ciega, nos quita la posibilidad de ver de manera colectiva y por un fin comunal, nos hace pensar en nosotros mismos y la capacidad que tenemos para usarlo. El poder puede enloquecer al más recto de los hombres.

EDAD

Al igual que un amoroso viejito que cuenta las historias de su juventud una y otra vez, la edad nos quita energía y concentración, sobre todo cuando esta se descuida por dejar de utilizar el cuerpo. La edad nos hace sentir nostalgia y añoranza por tiempos mejores, y por ende nos priva de seguir realizando obras.

Un hiperhumanista jamás debe verse afectado por su edad, y siempre debe ser capaz de seguir creando sea cual sea su disciplina. Jamás se debe ceder ante la comodidad de la atención de personas menores, pues ellos aún tienen un camino por recorrer y debemos liberarlos.

MUERTE

Asi como Quetzalcoatl superó a la muerte de manera ingeniosa, y no solo una vez, es nuestro deber alimentar nuestra mente con información ontológicamente útil, y sobre todo accionar con ella, pues de eso depende que crezcamos como individuos lo suficiente como para poder encontrar otras mónadas y entonces formar un ser superior, un hiperhumano, un dios.

Mientras más refinemos nuestras vidas, más podremos colaborar en esta cadena cósmica de crecimiento mental evolutivo en colectividad. Somos parte del mismo centro de existencia, y como tal somos responsables de nuestro paso por el universo.

No existen dioses que atiendan peticiones ni caprichos, solo existimos nosotros en el camino, como dioses en potencia que somos; y una vez que lo seamos, estaremos tan sorprendidos y ocupados por nuestras nuevas necesidades que no voltearemos a ver hacia el plano material, pues nos resultará ya soso y aburrido.

Pero para alcanzar tan elevado nivel, primero tenemos que superar estas cinco pruebas a lo largo de nuestras vidas, y mientras antes mejor, pues cada prueba superada ofrece un regalo en compensación, alguna nueva habilidad adquirida, o bien un juego completo de las mismas. Son herramientas que hacen nuestra existencia más profunda y más sencilla.

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